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 Los Hijos del Fuego y el Hielo (Shun Hades e Hiperion)

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Goddesniquel
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MensajeTema: Los Hijos del Fuego y el Hielo (Shun Hades e Hiperion)   Dom Sep 13, 2009 8:09 pm

Los Hijos del Fuego y El Hielo
por Goddesniquel

Capítulo 1: El desamparo de la Conciencia

Hypnos todavía con su pequeño hermano Bethán, en brazos lo mostraba envuelto en las delicadas sábanas en que le había cubierto Hera, veía con una hermosa sonrisa en sus labios como su pequeña hermana Koré, jugaba con el recién nacido y Zeus a duras penas le sostenía, ya que ella quería ir a los brazos de su hermano mayor. Tánatos jaló a Apolo, para que lo viera, y el dios sol, le abrazaba a él suavemente, besando su cuello, con su mano acariciaba los rojizos cabellos de su pequeño cuñado y Bethán, el dios de la espera, bostezaba suavemente. Sus ojos como dos esmeraldas se medio cerraban soñolientas. Hypnos sonrió al ver a su pequeña hermana pelear con el imponente Zeus, esa pequeña traviesa había crecido mucho, sus rizos negros caían hermosamente en su carita, de mejillas sonrosadas, tenía las facciones de su papi y ese par diamantes de ojos que cuando algo no le gustaban dejaban mostrar su descontento como brillantes destellos. Su tío sonreía, ante la efusividad de su pequeña consentida.

Los Titanes no tardaron en acercarse a ellos, tomando de los brazos de Hypnos a su pequeño sobrino, Océano sonreía orgulloso, Bethán, le observaba detenidamente, asiendo su dedo, buscaba como llevárselo a la boca.

- ¡Lo lamento, Bethán! Pronto estarás con tu papi- ante la risa amena de sus hermanos.
- Ahora si estas en aprietos Océano tiene hambre, y dudo que le puedas alimentar- le bromeo Ceo.

Los destellos de varias energías desvío la atención de todos, que volvieron sus vistas a la entrada principal. -¡Hasta que al fin, llegan!- Exclamó Hypnos, Hebe e Ilitía jalaban consigo a Hefestos, al ver que el muchacho, no quería acercarse. El herrero, camina casi a fuerza por los empujones de sus hermanas menores.

-¿Hefestos?- El dios del Sueño Eterno no entendía la actitud de su primo. Bethán se inquietó aún más en los brazos de su tío Océano, el titán se apresuró a devolver la criatura a su hermano mayor. -Será mejor que le lleves a tus padres, tiene hambre, busca a tu papi.- Le sugirió aún haciéndole arrumacos, al pequeño, que se removía inquieto entre el brazo de Hypnos.

Preocupado de ver la incomodidad de Hefestos, él mismo se dirigió sus ojos a lo que el herrero destinaba su vista insistentemente, con su hermano en brazos, desvío sus zafiros rodando a dónde se encontraba el dios de la guerra, haciendo un mohín de disgusto determinó con la mirada atónita como Ares, el dios de la guerra veía con recelos a su hermano menor. No podía comprender la conducta de su amado, con el corazón adolorido, vio el desprecio entre los dos hermanos. Cruzó levemente la mirada con su hermano Tánatos, y el dios de la muerte quien asintió elegantemente con su cabeza.

-¿Hypnos?- Susurró Ares y pudo observar su mirada de reproche dirigía en un explícito reclamo desde el incidente con Afrodita su amado Sueño Eterno no le había vuelto a mostrar su calor, pero sí a su hermano menor. -¡Hefestos!- Exclamó en silencio entrecerrando sus ojos le vio con mayor resentimiento. Sus ojos empezaban a tomar un matiz rojizo, el mismo que surgía cuando las guerras se desataban con toda su furia. Los zafiros relucientes de Hypnos le mantenían la mirada como interrogando su comportamiento, sin saber como alguien se abrazó a él.

- Amado Ares ¿Por qué, sigues pensando en ese mocoso, hijo bastardo de nuestro padre?- La diosa del amor había llegado al lado de sus hermanos, lo primero que había hecho la diosa fue lanzarse a sus brazos, besándolo en los labios en el momento que Hypnos baja su mirada, retirándola de esa escena, se vuelve a ver al sentir la alteración de su cosmos. Estudió como Hefestos se retuvo de golpe, e hizo el intento de volver sobre sus pasos. Y decidió acortar la distancia entre ellos, no permitiría que humillen a su primo otra vez.

-¡Afrodita!- Apartándola bruscamente de su cuerpo hizo el intento de caminar hacia Hypnos, alejándose de ella, sin embargo la diosa se asió de su brazo sonriéndole seductoramente.

Zeus también se dio cuenta queriendo evitar un conflicto se encaminó con Koré en brazos y la depositó en los de su hermano Tánatos, el dios de la muerte miraba la escena sorprendido, no pudo evitar sentir el dolor en el corazón de su gemelo, sin darse cuenta aprieta su abrazo sobre el cuerpo de su hermana pequeña.

- ¡Athán!- La pequeña Koré sintiendo la angustia de su querido hermano, se abrazó vigorosamente a su cuello, sentada sobre su vientre. Apolo encuentra sus ojos con los de su esposo, que le mira lleno de angustia, el arquero suspiró:- Esos dos no tienen remedio ni vergüenza. ¿Cómo es que Afrodita esta aquí, después de lo que pasó?- Aún Ares estaba tratando de soltarse de la diosa del Amor, pero la diosa trataba asirse forzosamente a él, cuando Zeus se les plantó enfrente: - ¿Qué es el espectáculo que están montando ustedes dos? ¡Eh!.

Afrodita soltó al dios de la Guerra, para abrazar efusivamente a Zeus, besándolo en los labios. - ¡Padre! Que gusto volverte a ver, he venido a la celebración del cumpleaños de mi prima, además tus nietos deseaban estar cerca de ti- detrás de ella permanecían en las sombras observando a sus padres, Eros y Anteros. El dios del amor correspondido salió algo sonrojado ante el comportamiento de su madre y Anteros con una cara de desdeño. El dios del amor no correspondido se acercó a su abuelo, besándolo en los labios y sus ojos grises no mostraban ningún sentimiento. Atrás de él Eros esperó tímidamente, Zeus suspiró al acariciar la pálida mejilla de Anteros y dirigirse a su hermano menor tomándolo de los hombros le atrajo hacia su pecho. - ¡Mi querido niño! Eros. - El menor se abrazó a su cuello, para besar sus labios y luego susurrarle al oído:- Lo siento abuelo, no puede hacer nada para evitarlo.- Zeus asintió y dejándolo descansar en el piso le tomó la mano, al igual que lo hizo con Anteros y los alejó de sus padres.

Ares soltó la mano de Afrodita de su brazo y tomándola del suyo con fuerza. - No creas que lograrás separarme de Hypnos, entiéndelo es a él a quién he amado siempre, no a ti- para luego soltarla sin ninguna consideración haciendo que cayera sentada en el suelo. La diosa del amor, se incorporó, para seguirlo en el momento que él se dirigía hacia el dios del Sueño Eterno, buscando separarlo de lado de su hermano menor, ella le alcanza y se tiende de su cuello. -Recuerda soy la madre de tus hijos además estuviste en mi lecho por tu voluntad, yo no te vi en desacuerdo Ares, disfrutabas de las noches a mi lado- expresó histérica a gritos, logrando que todos dirigieran sus miradas hacia ellos.

Hypnos, les ignoró con una frialdad única y después de ellos los ojos de todos se posaron en él. Sin embargo el dios del Sueño Eterno caminó hacia los recién llegados primos, con su hermano Bethán en brazos, al estar enfrente de ellos, les sonrió dulcemente. - Me alegra que hayan podido venir, creo que tenemos que celebrar dos grandes acontecimientos, miren primos éste es el nuevo integrante de la familia, mi hermano menor Bethán, el dios de la espera. -

Ilitía fue la que se sobresaltó: - ¡Por Cronos! Mi tío ya dio a luz, ¿Cuándo? - Se abalanzó sobre Hypnos besando sus labios y examinando a la criatura.

- Hace poco, unos cuantos minutos, tía Hera esta con mis padres, ayudando a atender a mi papi, mientras tanto nos envío a que conocieran a Bethán pero apenas salga debo devolverlo con ellos.- La diosa de los nacimientos asintió. -Bueno iré a ayudar, soy la diosa de los partos, si no he asistido a este, por lo menos ayudaré atender a mi tío, besando la pequeña cabeza de su primo. ¡Es hermoso, idéntico a tío Hiperión!- Y rápidamente se encaminó a la habitación principal.

Hebe se acercó para contemplar al recién nacido, acariciando su blanca faz, Bethán abrió sus ojos, bostezando y un par de esmeraldas, le vieron curiosas. Ella sonrió: -Pero si tiene los ojos de Hades. Mira Hefestos, es bellísimo- pero el joven no se decidía a hacerlo, observaba a la criatura desde lejos, atrás de ellos. Ante su indecisión Hypnos caminó con Hebe asida de su brazo hacia Hefestos sonriendo besa sus labios.

-Eres bienvenido, amado Hefestos. No te tengas pena de acercarte, sabes que puedes confiar en mí. Quisiera hablar contigo en privado, pero será más tarde, iré a tu habitación, quiero proponerte algo, espero no te niegues.- Hebe tomando de los brazos de Hypnos a su primo sonrió guiñando un ojo a su hermano mayor. Y éste se sonrojó visiblemente, y el dios del Sueño Eterno acarició suavemente su mejilla, se le acerca para de nuevo besar sus labios, pero éste retrocede asustado, por la mirada asesina que su hermano mayor le estaba dirigiendo.

Guiado por una de las musas, Hyoga también recién había llegado de Asgard, se quedó mirando fijamente la escena, entonces una sonrisa cruzó su rostro, al ver a Hefestos, sus largos cabellos dorados recogidos en una coleta, llevaba puesta una túnica negra y una toga del mismo color sobre esta, sus krepis, doradas engalanaban sus elegantes piernas, le vio retroceder sin cojear en el momento que Hypnos se le acerca, y le besa en los labios, al hacerlo casi choca con Hyoga que lo sostiene con su mano libre.

-¡Hefestos! ¿Te encuentras bien?- Tanto Hefestos como Hypnos ven a Baldur, sorprendiéndose de su llegada.

Hyoga aún sostiene entre sus brazos al herrero de los dioses acunándolo contra su pecho, cuando se acerca con él a conocer a Bethán. - El es tu hermano ¿Verdad? ¿Cuándo nació?- Hypnos se acerca a Hefestos.

Hace unos minutos y le tiende el bebé para que lo tome en sus brazos, sin embargo el más joven negó con su cabeza algo nervioso, por la presencia de Baldur a su lado. Vestido de una larga toga azul con adornos plateados, en su cabeza llevaba una diadema plateada con dos alas a cada lado de sus sienes, su cabello suelto, debajo se podía vislumbrar su armadura sagrada. Hyoga emocionado, observaba el bebé de sus amigos por fin había nacido. En sus manos traía una pequeña cajita de plata, que era su regalo para Koré, por lo que él mismo no le pudo alzar, Hypnos sostuvo con uno de sus brazos a su hermano mientras que con la otra mano, acomodaba los brazos de Hefestos para depositar el niño allí.

-Si no pasa nada, Bethán no te hará nada- le expresó en el momento que le rozaba con sus dedos la sonrojada mejilla, sonriéndole.

Zeus en ese momento al sentir la presencia de los forasteros se acercó con sus dos nietos, asidos de sus manos. -Es divino, se parece a Hiperión- admiró Baldur, al besar su cabeza. -Tiene los ojos y la sonrisa de Hades, es sencillamente perfecto.- Para luego besar la mejilla de Hefestos en saludo -se te vería encantador de padre, niño.- Y el herrero de los dioses bajó la mirada avergonzado.

- Hyoga ¿Pero por qué te has tardado tanto, amigo? Te esperábamos hace tres días, cuando comenzó la conmemoración de Koré - le regañó Hypnos. El dios guerrero baja la cabeza sonrojado -lo lamento pero que no pude venir antes, pero también traigo unas acompañantes- señalando detrás de él, estaba Hilda, la representante de Odín, y la valquiria Freya, su verdadera madre.
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MensajeTema: Re: Los Hijos del Fuego y el Hielo (Shun Hades e Hiperion)   Lun Sep 14, 2009 1:16 am

- Hyoga sabes que son bienvenidos, Koré se encuentra con mi hermano.- Baldur, besó los aromáticos cabellos del herrero, y volviéndose a sus acompañantes, le indicó a su madre, que se acercará. La diosa admiraba al joven en los brazos de su hijo, con una sonrisa en su cálido rostro, se acercó a la mano que le ofrecía su hijo, posando su mano delicadamente en la de su Baldur, le besa la mejilla, y se acerca al rostro de Hefestos besándole la frente le sonríe, posa sus ojos en el bebé en los brazos del herrero.
- Ella es mi madre, la diosa Freya, la reina de los dioses nórdicos - le susurró a Hefestos en su oído, la diosa posó sus ojos como diamantes refulgentes en los presentes, su mirada parecía estudiar a todos con detenimiento, hasta que localizó a la pequeña Koré en brazos de su hermano mayor.

Se encaminó hacia Tánatos el cual cargaba a su hermanita -mis ojos no se equivocan eres la hija de la luz, la verdad y la belleza, la hija de mi Baldur. Tienes su misma presencia, mi pequeña nieta.- La diosa tendió sus manos a la pequeña, pero Koré no conociéndola, le evita buscando refugio en el pecho de su hermano mayor. Entonces su abuela le acarició suavemente sus sedosos cabellos color ébano. Tánatos le sonrió y volviendo a su hermana en sus brazos, la enseña: -Koré ella es tu abuela.- La diosa de la pureza, le veía extrañada, pero en el refugio de su hermano, se dejó tocar, Freya sonrió dulcemente.

- Disculpen que no sean nuestros padres lo que le den la bienvenida- acotó Hypnos- pero es que mi papi acaba de dar a luz, y en este momento, es atendido en su recámara. Pero por favor, siéntanse como en su hogar. - Freya asintió y determinó al hermoso dios en brazos de su hijo, con el pequeño bebé en sus brazos

-Por lo que veo tú debes ser el hijo mayor del joven Hades, el dios del Sueño Eterno, y el que tiene a mi nieta en brazos debe ser el dios de la Muerte, posando su mano en el vientre de Tánatos, y esperas un niño también felicidades, mi hijo me ha comentado sobre los dos, valientes guerreros que acabaron con el Ragnarok, junto a los valerosos Titanes y el nuevo rey de los dioses. Me gustaría poder tener una audiencia con sus padres, le miró seria. Su majestad Freya, le urge tener una audiencia con Hades -determinó Hilda.

-¡Madre!- Ella le indicó callar: -sabes hijo, que es de urgencia que les pongamos sobre aviso, no podemos perder tiempo, si no queremos un nuevo Ragnarok, entre nosotros.- Sus ojos inquietos se posaron en los de su hijo y bajando su rostro contemplo en los mármoles de ese salón su rostro reflejado en ellos. Todos se acercaron preocupados, Ares se colocó al lado de Hypnos colocando su mano en su hombro le apretó levemente, el joven avanzó hacia la diosa, tomándole la mano, ella alzó su rostro hacia el joven, y reconoció aquella mirada serena del joven Hades, en él. Los zafiros le vieron inquiriendo en ellos para averiguar la verdad oculta en ellos. Freya acarició el rostro del hijo mayor de Hades suspirando: - La Batalla entre los dioses está por comenzar de nuevo.

- ¿A qué te refieres, Freya de Asgard?- La voz profunda de Zeus, se sintió, la esposa de Odín depositó su mirada en el señor del Olimpo, sus ojos se entrecerraron al tener al asesino de su hijo frente a ella. Baldur sintiendo el cambio de humor de su madre. La diosa guerrera, se rodeó de su cosmos gélido, expectante de cada movimiento del así llamado Padre de los dioses. Los ojos glaciales de Hyoga, le rogaron, soltando a Hefestos, se adelantó hacia ella, con su corazón inquieto ante un enfrentamiento no deseado. Conocía perfectamente el carácter explosivo de Zeus, y su orgulloso porte, su madre no se quedaba atrás y un enfrentamiento entre sus dos presencias se dio de inmediato.

Dentro de la habitación principal Ilitia, había ingresado tras recibir el permiso de su madre y tíos, cerrando la puerta tras de sí se apresuró a disponerse en lo que Hera necesitará. Aún su madre estaba terminando de atender a su tío, en una vasija botaba los residuos del parto, Hades dormitaba en los brazos de Hiperión, sus dedos acariciaban suavemente su rostro vigilando su calmada respiración, esperaba el momento que Hera, le diera permiso, para moverlo. La cabeza de su querido niño, reposaba en su fornido pecho contra el sentía su calida respiración aún algo agitada, esta rozaba suavemente su piel. Los rubíes observaban atento, todos los movimientos, esta vez, había sangrado un poco más de costumbre, el bebé era un poquito grande y lo había lastimado bastante, el Fuego Estelar inquieto con su corazón acelerado, no quitaba su vista de las labores que hacían Hera e Ilitía, las veía correr de un lado otro, pero lo hacía sin pronunciar palabra desesperado de no saber como iban las cosas, podía determinar la mirada seria de Hera y el nerviosismo de Ilitía, su cuñada sintió su exhaustiva mirada, perforándola.

Cuando ella alzó sus zafiros para encontrarse con él, sus ojos le preguntaron en silencio “¿Qué sucede?” Bajó sus ojos, callada, acomodando las piernas de su hermano en el lecho en una mejor posición, suspiró cansada dándole a su hija varias sábanas y todos los utensilios del parto. Se sentó en el lecho, fijando su vista en esos rubíes preocupados, su mano acariciaba distraídamente sus piernas: -Fue un parto largo y difícil- aclaró acomodándose el cabello.

-Lo he notado las contracciones eran muy fuertes, su cuerpo temblaba entre mis brazos, todo él se estremecía del dolor- expresó en susurros para no despertarlo todavía.

-No solo tú lo notaste, yo también, pero él no lo quiso hacer notar a sus niños, por Hypnos y Tánatos trataba de aparentar no tanto dolor, pero su cuerpo le traicionaba, no quería asustarlos- la diosa sonrió algo cansada. -Sabes él es muy estrecho, y generalmente los varones son más robustos, igual pasó con los gemelos, y dos partos tan seguidos, con Koré fue más sencillo, fue un pequeño desgarre, pero nada de que preocuparse, pero si muy doloroso, ya le atendido al igual que Ilitia ella ahora preparará algo para se lo tomé, será mejor que le limpies ahora. Iré por los bebés, Koré y Bethán necesitan descansar, también. Koré casi no les ha visto en estos días, ya les extraña, y luego los cuatro tomen su merecido descanso, ambas preparemos el lecho para los dos…- Hiperión la oía y sus ojos examinaban el pálido rostro, plácidamente dormido, sus dedos rozaron con suavidad la húmeda piel de su faz, besó sus cabellos impregnados de su sudor, con pena vio el agotamiento de su frágil cuerpo, refugiado contra el suyo.

- ¡Mi niño hermoso! ¡Hades!- Le llamaba casi murmullos- despierta amor.- Con cuidado le fue cambiando de posición con la ayuda de Hera, le acomodó de forma tal, que le fue adaptándolo en sus brazos, el movimiento le fue despertando, sus párpados se abrieron pesadamente, sonrió levemente, pasando sus brazos alrededor del cuello de su esposo.

- ¡Vamos que te voy a asear!- Sus preciosos ojos se medio ocultaban bajo sus pestañas, le costaba mantenerse despierto, acomodó su cabeza entre las aromáticas cascadas de Fuego besando con sus labios ardientes esa área sensible.
– Hiperión- jadeo, disfrutando de la caricia.

- ¡Hades!- Con él se perdía dentro del cuarto de aseo, le colocó en las aguas termales de la pileta con cuidado, para luego despojarse de sus vestiduras, para acompañarle, acercando antes todo lo necesario para acicalarlo. Su cuerpo se adentró con él en el agua. Al colocarse a su lado le empezó a limpiar todos los residuos de sangre de su piel, con cariño masajeo los adoloridos músculos -¿Estas muy adolorido?-

- No mucho lo normal de siempre- haciendo un rictus de dolor en su rostro, cuando las manos de su esposo le tomaron la cadera, comprobando la abertura de sus huesos.

-Pero si estas más lastimado que con Koré, me atrevo a decir que estas peor que con los gemelos.-

- No es nada, que no pase en unos días.- Hablo entrecortado, al tratar de moverse para abrazarle.

Los dedos de Hiperión le delinearon sus labios, suspirando vencido, le sonrió tomando una botella con mirra le deposita el contenido en sus cabellos, ungiéndolos, y disfrutando de esas brillantes hebras de ébano, las olió cerrando sus ojos, y la mano de Hades, se perdió en las llamas centellantes que caían sobre sus hombros desnudos, buscando asirse de su nuca se movió delicadamente en el agua, hasta quedar unidos en un abrazo deseado, ambos corazones se sentían bajo sus pechos latiendo a unísono, Hiperión le amoldó en su regazo, dejándose adorar por su rey.

- ¡Hiperión!- La suave voz inundó sus sentidos haciéndole estremecerse de placer a tan solo al timbre cálido de sus palabras. El Fuego Estelar se admiraba reflejado en unos cristales esmeraldinos con destellos azulados. - En un año, me has hecho más feliz que en una eternidad, y nuestra felicidad se acrecentará hasta la inmortalidad, me has dado dos pequeños, que son la luz de mis días, junto contigo y mis dos muchachos el Fuego de mi alma. Bethán, es mi más esperado anhelo, somos tú y yo en un solo latir, representa nuestra unión perfecta, el fruto de nuestro vigor. -

Cada una de sus palabras manaba del fondo de su alma ardiente, y hacían eco en el espíritu de Hades, como dentro de esas milenarias paredes en la que habían habitado sus antepasados por años eternos, su galante voz, le inundaba por dentro como un fuego abrasador, sus dedos adoraban cada parte de su fisonomía.

- El dolor que ahora sientes, lo siento como mío en mi corazón mi niño.- Hades escuchaba sus palabras, soltando una cálida risa que se comparaba con la cantarina agua que les cubría su desnudez, atrapó sus dedos trémulos entre sus labios. - ¡No habrá día que no te desee, Hiperión! -

Delineó con sus labios, la mano avanzando por toda la extensión de su brazo hasta su cuello, donde su lengua y labios comprobaron su dulce sabor, el aroma de la persona amada. Los gemidos de placer de Hiperión no se hicieron esperar, disfrutaba la devoción de su esposo, sus brazos le rodearon apegándolo más a su cuerpo, tomándole con delicadeza su barbilla busca sediento los labios de su niño, fundiéndose en un apasionado ritual de adoración, removiendo las cascadas de Fuego en sus dedos trémulos.

-¡Mi cuerpo es tu templo! En dónde siempre se formaran nuestros vástagos, Bethán para mí también fue mi deseo más grande, mi hijo más esperado, porque era de tu simiente. Cada uno de nuestros hijos son nuestro orgullo, aunque los otros no han sido engendrados por mi vigor, los he hecho míos, por el brío de mi corazón.- Sus labios iniciaron de nuevo su ritual de consagración a su amado consorte, los dedos ansiosos de él reconocían su espalda hasta ubicarse debajo de sus rodillas, alzándolo con cuidado de no lastimarlo, salió con su amado del agua, afuera en la habitación Hera, les esperaba con toallas, y los vendajes, necesarios, los pies mojados de Hiperión dejaban una estela en las lozas de mármol, le llevaba en el lecho dónde Hera colocó una gran toalla en dónde le envuelve.

Su cuñada, toma una de las túnicas del armario y se la colocó sobre los hombros a Hiperión le cubrió su desnudez y sonriendo le bromea: -¡Amado Hiperión! Querido hermano, tu cuerpo es solo para mi adorado Hades.-

El Fuego Estelar le sonrió seductoramente: -¡Gracias, mi niña! De eso nunca tengas dudas, soy completamente suyo. [/center]
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MensajeTema: Re: Los Hijos del Fuego y el Hielo (Shun Hades e Hiperion)   Lun Sep 14, 2009 1:18 am

Se coloca a la altura del lecho y toma la toalla secando cuidadosamente el cuerpo de su niño, tomó una de sus piernas cuando hubo terminado beso suavemente su piel de mármol. Hera sostenía entre sus manos los ungüentos y vendajes que necesitaría para curar a su hermano y esperaba que el Fuego Estelar terminara con el rito de su amor en su gemelo. Hundiendo una de sus rodillas sobre el esponjoso colchón, se le acercó casi cubriéndole, los brazos de Hades se asieron a su cuello, y él le pasó sus manos alrededor de la cadera, ayudándole a tomar una mejor posición en la cama, le descansó sobre los almohadones. Tomando de la mano de Hera los ungüentos empezó a curarlo. Con pesar le veía respingar al tacto. - ¡Lo lamento! Pero es necesario, esto te calmará un rato el dolor.- Le devolvió las cremas a Hera la cual las depositó en la mesa de noche.

-Hiperión dentro de cuatro horas, se las deberás aplicar de nuevo.- El mayor asintió recogiendo las vendas, fue asegurando su cadera y vientre con ellas. Le puso una túnica ligera, apoyándose en sus manos le cubre con su cuerpo besando sus tentadores labios sonrojados, en un tierno beso

- ¡Listo, he terminado! Espero que estés lo mas cómodo posible, sé que no es grato como te sientes ¿Se ha calmado el dolor?- Hades le sonrió afirmando con su cabeza suavemente. - Voy por nuestros bebés - le susurró al oído, besando su mejilla. Hades iba a pronunciar algo, cuando el choque de energías en las afueras de su recámara congeló su sonrisa en su rostro. Hiperión se sentó en el lecho estudiando la reacción del cosmos, terminó de cerrar su túnica apresuradamente.

Hera soltó de sus manos una vasija de agua. - ¿Zeus?- Como alcanzada por los rayos de su esposo, salió corriendo del recinto, casi chocando con Ilitia que traía la emulsión para su tío -¿Madre? - Pero Hera no se detuvo, cruzó la sala hecha una furia. - ¿Pero, qué sucede?- Ilitía seguía con sus zafiros, la elegante figura de su madre, apresurarse por el pasillo hacia el salón principal de dónde provenía el enfrentamiento.

-¿Cómo se le ocurre armar tanto alboroto, en este momento?- Refunfuñaba, mientras sus pasos resonaban en los solitarios pasadizos de las habitaciones.

Hiperión, se incorporó para ir detrás de ella. Hades se deslizo suavemente en el lecho, hasta hacer el intento de ponerse en pie, angustiado por sus dos bebés, pero al tratar de hacerlo sus piernas flaquearon, precipitándose al suelo.

- ¡Tío!- El grito horrorizado de Ilitia que corría a auxiliarlo, provocó que Hiperión se devolviera sobre sus pasos, sobresaltado al ver a Hades en el suelo.

-¡Por Cronos!- Su amado niño hacía esfuerzos por incorporarse, pero lo único que logró externamente se mostrará su dolor, haciéndose insoportable y un rictus de dolor se quedó impreso en su rostro, y un gemido ahogado salió de sus labios. -¡Hades! ¡Por Cronos! ¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento? Amor no puedes moverte, en éstos instantes. Te lastimaste -tomando su rostro con su mano, le apoyó en su pecho amorosamente, tomándolo de la cintura le hizo el intento de levantarlo, pero él le detuvo.

- Ve por nuestros bebés, Hiperión yo puedo solo.- Aun estaban conversando cuando empiezan a sentir la energía de Bethán centellear, entre las dos que se enfrentaban, el corazón de Hades dio un vuelco en su pecho, sus ojos se llenaron de desesperación se incorporó de golpe, Hiperión le sostuvo, de inmediato le alzó en sus brazos depositándolo en el lecho, con voz, firme le detuvo, cuando pensaba volver a hacer el intento salir de la cama. - Tú espérame aquí con Ilitia, estás lastimado. Que yo traeré a nuestros niños- la voz mostraba su enojo y el firme mandato debía ser obedecido, determinó la angustia en sus ojos, bajando sus rubíes, al mármol, salió rápidamente hacia el salón principal.

Los ojos de su niño no le perdieron de vista, suspiró no pudiendo detener sus lágrimas, las cuales fueron rodando por su hermosa faz, sin el quererlo, su sobrina le abraza consolándolo: - el ha sido duro contigo porque no desea que te expongas más tío, para nosotros fue una pesadilla todo lo que vivimos con Caos, yo todavía tengo en mi mente todo lo sucedido ese día, y no puedo borrarlo, ni mi encierro aún despierto en las noches, temiendo a los esbirros de Caos. Estas cicatrices en mis brazos, son tan grandes como las tenemos en nuestras almas. Nosotros vimos el horror y la desesperación en nuestro tío cuando te morías en sus brazos.-

- ¡Ilitia querida niña mía! No lloró porque Hiperión se haya puesto serio conmigo, si no que siento una opresión en mi pecho que no sé precisar un presentimiento horrible- le expresó con su voz angustiada y limpiando sus lágrimas: -es el hedor de la muerte, su presencia me abruma, es algo que se revela en tu alma y de tus ojos brotan la angustia de ella, es un llanto no deseado, pero que no se puede evitar sondea todos tus sentidos y te los anula. No te preocupes en demasía pequeña, pasará lo que tenga que pasar, y yo les protegeré a todos. - Acarició su rostro, reconociendo en ella las facciones de su hermana menor, y aquella fogosidad de Zeus, su rostro se iluminó con una amorosa sonrisa. Al ver que sus ojos perdía la alegría.

- Hoy es un día para celebrar, e Hiperión se hará cargo que tu padre no se meta en problemas - le expresó pellizcando su nariz suavemente. Ilitia, le ofreció su emulsión y él la tomó: -es para calmar el dolor, pero también te dará sueño.- El asintió: - entonces esperare a tomarla hasta lleguen mis bebés.- Su sobrina asintió descansando su cabeza en su hombro, esperó pacientemente.

Hyoga se interpuso entre los dos: -¡Por favor madre!- Apolo corrió a su adorado Tánatos rápidamente, y Ares corrió a Hefestos con Bethán el pequeño al momento se empezó a inquietar y a llorar emanando sus cosmos, Koré, igualmente se asustó llorando entre los brazos de su hermano. La tensión de la situación irritó a los pequeños, los titanes, rodearon a los dos dioses.

-¿Cómo te atreves a dirigirme la palabra? ¡Asesino! Tú acabaste con la vida de mi hijo. - La risa de Zeus, resonó sarcástica: -pues que venga y me lo reclame él no su mami. Y recuerda que al que abraza de forma tan indebida es mi hijo Hefestos. Y si lo maté fue por andar metido entre las faldas de Eris, y deshonrar la casa de Cronos.-

La diosa se iba a lanzar contra él pero Hyoga, se le interpuso.

- ¿Zeus? ¿Qué se supone que éstas haciendo?- Hera se acercaba envuelta en toda su furia. -No puedes respetar que es la fiesta de tu sobrina y que tu hermano se encuentra recuperándose de su parto. ¿Qué significa todo este alboroto?- Sus zafiros rodaron entre los presentes, hasta posarse en Baldur, Hilda y Freya.

Aún traía los ropajes algo manchados porque no le había dado tiempo de cambiarse, comprobó la presencia de la diosa que emanaba una presencia similar a la de Baldur. Entrecerró sus ojos: -Soy Hera, reina de los dioses.- La mirada de gélida de Freya se posó en la cara de Hera. En silencio pasaron algunos minutos las dos diosas se estudiaban una a la otra. El tenso clima se hizo notar, todos podía casi cortar el aire si se movían. Solo se escuchaba el llanto de los dos bebés reclamando a sus padres.

-¡Papá! ¡Papá!- Koré estiraba sus brazos a su padre exigiendo su presencia, los diamantes desolados de Freya se posaron en el recién llegado examinando con frialdad al imponente dios que caminaba envuelto en la túnica que Hera le colocó en sus hombros, la cual era negra con adornos dorados, descalzo con su cabello movido por sus refulgentes llamas. Su nieta, se desprendió de los brazos de su hermano mayor levitando hacia el Fuego Estelar. -¡Papá! ¡Papá!- Sollozaba asida de su cuello y él la rodeó cariñosamente con su brazo.

-¡Mi hermoso ángel de Hielo! Ya estoy contigo. - Los gélidos diamantes de Baldur, se encontraron con los de su madre. - Tu papi te extraña pequeña, es hora de ir con él.- Con una radiante sonrisa en sus labios que dirigía a su pequeña, caminó hacia los presentes. Sus rubíes rondaron determinando la situación evaluando a todos. Al pasar al lado de Tánatos, acarició su vientre suavemente, besando sus labios, juntó su frente con la de su niño y le susurró: -Gracias bebé, por tu ayuda.

- Quiero agradecer a todos su presencia en la conmemoración del nacimiento de nuestra pequeña Koré- su elegante caminar se detuvo entre el campo de vista de Freya y Hera, notando la desavenencia entre las dos diosas, con una sonrisa, fijó su vista en los visitantes. Hiperión le tendió la mano a Hyoga en señal de saludo y el dios guerrero la tomó haciendo una reverencia con su cabeza. -¡Baldur! Te esperábamos hace tres días, pero eres bienvenido junto a tus acompañantes, siéntanse a gusto en mi hogar. - Suspirando agobiado, observó a su hija, darle el cariño de padre a ese titán, su madre notó su angustia y no sabiendo que hacer para consolar a su hijo clavó abrumada sus gélidos ojos en los de su primogénito.

- Madre, el es el señor de Heraion. Hiperión, actual rey de los dioses olímpicos al lado de Hades.- Tendiéndole la mano hacia su madre: -Ella es mi madre, Vanir Freya de Asgard, esposa de Odín.-

El Fuego Estelar asintió: -Es un placer contar con su presencia, por el día de hoy cancelaremos las celebraciones del cumpleaños de nuestra pequeña princesa. Mañana cuando todos hayamos descansado algo, continuaremos.

- Hiperión, mi madre desea hablar con Hades y contigo a solas, lo que tenemos que decir es importante.- Los rubíes analizaron las presencias de los tres.

- Hijo, puede esperar a mañana. Gracias por su hospitalidad - expresó haciendo una reverencia.

- Comprendo, Océano, que sean atendidos como es debido.- Zeus abrazó a Hera cuando esta se acercó. - Lo siento, mi niña, pero sólo me defendí. - Ella asintió: - Esa diosa no me da buena espina. Percibo una opresión en mi pecho.- Fue cuando visualizó atrás de los titanes a Hefestos y Ares, el dios de la Guerra tenía entre sus brazos a su hermano menor.

Ares, cuando todo se calmó, quitó lentamente, su agarre sobre su hermano, Hypnos admiró como su querido dios de la guerra, aún cuidaba del más joven, y sonrió orgulloso. “Veo que al fin entras en razón amor mío” se dijo para sí mismo. Pero sintió la mirada llenada de odio de Afrodita sobre él. Resoplo algo hastiado por la situación, la vio apoyada en unas de las columnas, apartada del conflicto en ese momento. Hefestos lo notó al mismo tiempo, caminó elegantemente hacia Hypnos para devolverle su pequeño hermanito, Bethán se había acomodado contra su pecho, al momento que el herrero le mecía para calmar su llanto, y se había tranquilizado, en sus mimos.

-Hefestos- susurró Ares, y le acompañó, para poder acercarse a él. Al mismo momento que Océano dirigía a los visitantes a sus aposentos Hiperión acortó su distancia con su primogénito. Abrazándolo por los hombros besó su cabeza en señal de apoyo y fijó sus rubíes entrecerrados en la diosa del amor, la cual empinó su vista hacia a otra dirección.

- ¡Papá! Mi orgulloso bebé, eres mi vigor hecho realidad, no dejes que ella te afecte. -Reposó su cabeza en su pecho, abrazándolo sintió como su hermana le tomaba sus cabellos plateados, besándolos: -¡Hypnos!- Susurraba enredando sus pequeños dedos en ellos.
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MensajeTema: Re: Los Hijos del Fuego y el Hielo (Shun Hades e Hiperion)   Lun Sep 14, 2009 1:35 am

Hefestos se detuvo al frente de ellos, con Bethán en sus brazos, detrás de él se encontraba Ares. Hypnos suspiró desprendiéndose del cálido refugio de su padre, posó sus labios en su mejilla sonriéndole: -¡Papá! Hefestos por fin ha llegado, tal vez puedas hablar con nosotros más tarde, sobre el asunto que te solicite.

El Fuego Estelar acarició su pálida mejilla sonriendo: -Tenlo por un hecho, mi hermoso bebé. - Le atrajo besando sus labios. - Ahora guía a tu primo a su habitación junto con Hebe, Afrodita y sus dos muchachos.

El dios del Sueño Eterno asintió con una hermosa risita en sus labios. El mayor se acercó al herrero, guió su mano hasta el rostro cabizbajo, del segundo hijo de Hera, tomándole de la barbilla le alzó el rostro, clavando sus rubíes alegres en esos zafiros tímidos, le sonrió en agradecimiento y besó sus labios en saludo: -me alegra tanto que hayas venido, sobrino. Mañana quiero que te presentes con Hypnos a mi habitación, deseo hablar contigo. Pero antes hablaré con vuestros padres. Sé que mi pequeño Bethán esta a gusto contigo, pero es el momento que esté con su papi.

-¡Tío!- El señor de los volcanes colocó delicadamente al pequeño en sus brazos. Bethán al sentir la presencia de su padre, se removió buscando su alimento e Hiperión se sonrió: -así que percibes el aroma de papi, el también te extraña mucho, vamos mis dos tesoros, que su papi esta ansioso por tenerlos en sus brazos.

Con sus amores en sus brazos, se perdió de la vista de todos hacia su aposento. Hera, le siguió con su vista, una risa pícara cruzo en su cara: -¡El gran Hiperión! Hermoso Fuego Estelar, siempre causa ese efecto en todos, con su sola presencia, dejo sin habla a esa diosa nórdica y no ha tenido necesidad de alzar ni siquiera su brillante energía.- Hebe asintió a su madre.

Los ojos de Sueño Eterno se posaron en los del Señor de la Guerra, Ares acortó la distancia posando su mano suavemente en el hombro de Hefestos, pasó a su lado hasta detenerse frente a Hypnos, sus dos gemelos que habían mantenido distancia, por mandatos de su abuelo se abalanzaron hacia su padre, pendiéndose de sus brazos, Hypnos sostuvo la mirada de Ares en actitud cansada: -Muchachos, me imagino que deben estar cansados de su viaje- expresó calmadamente sin apartar la vista de su amado. Eros y Anteros evaluaron sus expresiones con sumo detenimiento. Hefestos tragó hondo sin saber qué hacer incomodo por la situación.

- ¡Vaya, vaya! Mí querido Hypnos es un gusto volvernos a ver.-

- Afrodita, eres bienvenida a mi casa.- El Sueño Eterno mostró la más elegante de sus sonrisas, tendiéndole la mano a Hefestos, el herrero se la asió suavemente jalándolo hacia él, si me acompañan les indicaré sus habitaciones.

Eros soltándose del brazo de su padre, se acercó a Hypnos asiéndose de su brazo, le sonrió ante la mirada asombrada del hijo mayor de Hades. -Soy Eros, es un encanto que trates tan bien a mi querido tío- le expresó descansando su cabeza en su brazo. Hypnos esbozó una cálida sonrisa. -Es que Hefestos se lo merece.-


El joven dios del amor correspondido, apretó su abrazo sobre él: -sabes quiero ser tu amigo. Me aburro mucho en el Olimpo, mi hermano no gusta de nada, ni hablar, mi abuelo se pasa todo tiempo en Torrey, junto a tus padres y mi padre pasa contigo todo el tiempo.- La mirada zafiro del dios del amor correspondido, se fijó en los asombrados del dios de Sueño Eterno, Hefestos se detuvo en seco inquiriendo en los ojos de su sobrino.

-Yo… - iba a contestar Hypnos, pero Eros le contuvo besando sus labios. - ¡Amado Sueño Eterno! No te recrimino nada, solo quiero que no nos huyas, ni a mi gemelo ni a mí.
- No te entiendo niño.- Eros le sonrió: - tenemos toda la eternidad para conocernos. ¡Hermoso Hypnos!- Aún sin comprender llegó al ala indicada, topándose de frente con Océano.

-¡Príncipe! - El titán le sostuvo al tropezar con él descansándolo en su pecho. Hypnos le alzó a ver asintiendo. -Océano podrías indicarles sus recintos- le expreso suavemente- en este momento deseo descansar un rato, por favor.
- Por supuesto, pequeño. - El Sueño Eterno le besó su mejilla, recostando su cabeza en su tórax: -Perdona tío, pero estoy agotado, necesito descansar- depositando un cálido ósculo en su frente. Le mira seriamente: -Anda duerme lo necesitas, pequeño- le susurró suavemente.

-Perdónenme, Hefestos y Eros. Creo que hasta aquí les guiare.- Besando los labios de Hefestos: -te espero en mi habitación en las primeras horas de la mañana- le murmuró al oído: -y no acepto un no por respuesta.- Revolviendo el cabello de Eros, alzó su poder y desapareció como una ligera brisa.

- Si me acompañan yo seré su guía de aquí en adelante- indicó Océano. Hefestos asió del brazo a Hebe y ambos caminaban en silencio al lado de Eros. Afrodita observaba el elegante caminar del herrero, como hechizada.

- ¿Qué pasa, madre? Ya no te parece tan despreciable el herrero- una risa burlona, cruzo sus labios.

- No me molestes Anteros- las carcajadas del joven dios del desamor resonaron en el pasadizo. -Es muy gracioso todo esto, es cierto lo que dijo Eros, nos vamos a divertir mucho con esta situación.- Un resoplido de enojo, no se hizo esperar por parte de la diosa del amor.

- Eres imposible, hijo. Soy tu hijo y de Ares, los hijos del amor y la guerra, y como dicen los humanos en la guerra y en el amor todo se vale, eso es lo que esta haciendo mi padre, quién esta molesto por el falso desamor del dios del Sueño Eterno, pero la realidad, es que a nosotros dos no nos engaña. ¿Verdad, madre? - La diosa lo ignoró caminando con su altivez de siempre. Ante las carcajadas de su hijo. - Vamos a ver quién puede más si la Guerra o el Amor.-

Hypnos se materializó en su cuarto, justo al lado de su lecho, con sus ojos cerrados se dejó caer, sobre el colchón derrotado por su dolor, el cual buscaba esconder con todas sus fuerzas respiraba profundo para no llorar, sentía el amargo sabor de sus lágrimas retenidas en su garganta agolpado.

-¡Ares!- susurró suavemente. Haciéndose un ovillo en su lecho, sintió el cálido líquido salado deslizarse por sus mejillas hasta perderse en la sábana, ni siquiera había encendido con su poder las antorchas del lugar, en ese momento deseaba permanecer en la oscuridad como se encontraba su animo en este momento. Desde la penumbra una silueta le miraba recargado en la pared, se acercó a la majestuosa cama que no le era desconocida. Al notar el estremecimiento en el cuerpo de su amado Hypnos comprendió que lloraba, en silencio. Se sentó a su lado, suspirando agotado por la situación.

- Hypnos ¿No piensas perdonarme nunca?- La voz de Ares resonó en sus oídos al abrazarse a su cuerpo besando su cuello, sus manos buscaron entre sus finos ropajes el corazón del dios del Sueño Eterno descansando allí, siente la agitación de su pulmón al momento que su boca prueba su suave cuello: -no puedes negar que me deseas, porque no terminas con nuestro tormento, mi amor. Perdóname no contarte lo de Afrodita y mis hijos, yo les creí desaparecidos, no deseaba hablar de ese tema. Hypnos no me atormentes más te lo ruego, vuelve a mi, mi adorado niño

-¡Ares!- Entre sollozos el nombre de su amado fue pronunciado, ahogado en su propia amargura. - ¿Cómo me pides eso? ¿Acaso te olvidas, de lo que pasó en el Olimpo? Dejaste que me llamará bastardo. No defendiste a Hefestos, tu hermano menor. ¡Ares! ¡Por Cronos! Tú faltaste al respeto entre hermanos, te metiste con la prometida de Hefestos- exasperado se incorporó de golpe huyendo de sus brazos. Ares no quería dejarlo así le necesitaba, ansiaba tomar de nuevo la miel de sus labios, deseaba sacar todo el veneno sembrado por Afrodita en su orgulloso niño.

En un ágil movimiento le retiene de su cintura, abrazándose a él, le inmoviliza con uno de sus brazos, apegado a su cuerpo, con su mano libre le empieza a acariciar todo su cuerpo. - Una vez te dije no me retes, niño ¿Qué no sabes de lo que es capaz, el dios de la Guerra, realmente? Te haré recordar lo que somos nosotros dos, mi Sueño Eterno, hoy me enseñarás de nuevo lo que tanto me has negado todo este tiempo.

Volviéndolo en sus brazos, ejerció toda su fuerza, sobre él, adentrándose en una lucha cuerpo a cuerpo. Los fieros ojos de Ares, resplandecieron en carmesí: -con tu resistencia solo aumentas mi deseo, Hypnos. - Descubriendo su cuello, posesiona sus labios en la parte que él conocía como la más sensible de su cuerpo, succionando fuertemente en ese lugar Hypnos perdió la fuerza de sus piernas gimiendo ahogado, se aferró como un naufrago a la espalda de Ares. Los dedos del dios de la Guerra no le daban tregua, reconocían la extensión de su espalda, hasta llegar al cierre de sus indumentarias, corriéndolo, para sentir la tersura de su blanquecina piel. Con sus labios recorría su cuello hasta llegar a sus labios los cuales aprisionó enloquecido, le despojó de todo lo que le impedía adorar su cuerpo. Sintió a Hypnos rendirse a sus deseos, sus delicados dedos, se asía de sus cabellos, su cuerpo temblaba de deseo entre sus brazos, le alzó aún asaltando sus labios, se movilizó con su preciada carga hasta el lecho, dónde ambos cayeron.

Hypnos le veía como hechizado, sus ojos relucían impregnados con su deseo, aunque las lágrimas resbalaban por su faz, en un amargo descargue de su dolor. Ares lamió toda esa ofrenda salada del alma de su Sueño Eterno. Guío las temblorosas manos por encima de su cabeza, sosteniéndolas firmes con una suya. Sentándose sobre su vientre, empezó a deshacerse de su túnica.

- No tengo más dueño que tú Hypnos has ganado todas mis batallas, mira que el dios de la Guerra, se postra a tus pies Sueño Eterno, y te adora como su amo. - Sus labios atacaron al más joven con vehemencia, sentía como se retorcía sostenido de su mano y bajo su cuerpo. La reacción de la hombría de Hypnos no se hizo esperar, ahora rozaba contra su trasero. Con toda su seducción Ares, se deslizó por su cuerpo, delineando cada parte de él con sus labios, dedos, y lengua, hasta tomar el miembro erguido de su amado entre sus labios, lo devoró hasta hacerlo perder el juicio, los gemidos de su querido Sueño resonaban en sus oídos, así como la forma en que pronuncia su nombre en ahogados suspiros.

No quiso esperar más sus dedos se adentraron en el ansiado canal lubricándolo y preparándolo para él, la desesperación de su amado le hizo tomarlo de su cabello enredando sus dedos en las hebras azuladas, en el momento que su simiente inunda la boca de Ares, él cual la saborea completamente. Abandonando su labor con sus dedos, le empieza a cubrir, guiado por la mano de Hypnos sujeta a sus cabellos, siguiendo la trayectoria a sus labios anhelantes, poco a poco le invita a tomarlo cediéndole espacio entre sus piernas, asiendo una de sus temblorosas manos, sus labios y sus cuerpos se unen convirtiéndolos en uno solo ser.
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MensajeTema: Re: Los Hijos del Fuego y el Hielo (Shun Hades e Hiperion)   Lun Sep 14, 2009 1:40 am

El dios de la Guerra, empezó a movilizarse dentro de él, guiándolo en pausados y profundos empujes, sin soltar sus labios, le recitaba lo mucho que le adoraba, las lágrimas de desamparo de Hypnos no se dejaron esperar, rodaban por su tez, su alma se revelaba a su caída, lentamente fue separándose de sus labios volviendo su rostro hacia la oscuridad se paralizó en los brazos de Ares, pero el dios de la guerra no lo notó pensando que Hypnos le ofrecía su cuello se dedicó a esa zona hasta que su esencia impregnó el cuerpo del dios de Sueño Eterno.

Las manos de Hypnos cubrieron su faz. -¡Por Cronos! ¿Qué he hecho? ¿Por qué he sido tan débil? ¿Por qué falte a mi palabra? Ares no comprendes, que nos separa un gran abismo que son tus hijos con Afrodita- un llanto desesperado azotó su cuerpo, Ares le acunó en su pecho, aún enfundado en él, besando su cabeza: -nunca desamparé a mis hijos, pero no amo a Afrodita es a ti.

-No entiendes, tus hijos te extrañan. Vete, déjame solo, no me atormentes, ni me humilles más de lo que lo has hecho. - El torrente desabrido de sus palabras fue sostenido por la voraz boca de Ares. -Nunca permitiré que te apartes de mi lado Hypnos, siempre serás mío.

- ¡Ares! No te pertenezco más.- Removiéndose se desacopló su cuerpo de Ares.

- No te he derrotado Hypnos, tú eres el que me ha derrotado, no llores, mi amor. No puedes negar nuestro amor.-

- Ares, yo trataré de ganar el corazón de Hefestos, así que no puedes compartir más mi lecho. Por favor retírate. Mañana vendrá aquí, para hablar de eso.- Ares se incorporó del lecho, sin poderlo creer su furia llenó su ser la presencia bélica del dios azotó el ambiente, tomando sus ropajes, del suelo se vistió rápidamente, sin mediar más palabras golpeo unas de las paredes aledañas, destrozándola: -Hypnos esto no termina aquí. - Se desvaneció en un aura con hedor a sangre.

El dios del Sueño Eterno soltó su completamente el torrente de sus desoladas lágrimas: -yo siempre te amaré Ares, pero no te puedo perdonar, mi conciencia no me deja.
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